Hace tiempo que no escribo aquí.
He estado centrado en la Danza de la Existencia que me ha llevado su tiempo para ponerla al día.
Ha sido un proceso largo, pero ha dado su fruto: un libro conectado con la Naturaleza, con su ritmo y su manera de recordarnos que dependemos de ella para todo.
Al mismo tiempo he seguido avanzando en la aplicación que estoy desarrollando, que ya casi esta acabada.
Deje esto en un borrador y aquí vuelvo a la carga.
Viajamos para conocer, pero ¿nos conocemos a nosotros mismos?
¿Apreciamos realmente lo que nos rodea?
Viajamos buscando fuera, lo que no encontramos en nuestro interior?
Nuestro interior esta ahí siempre, por qué no lo visitamos cotidianamente y no solo cuando estamos en apuros, teniendo entonces respuestas un tanto descontroladas y entonces, nos preguntamos, yo soy así?
Tanto control que queremos tener y al final es lo que menos tenemos, por no visitar nuestro interior relacionando nos con él, viendo como el ego, eso que tenemos ahí, actúa inconscientemente, sin saber el por qué?
Así, si vemos que realmente no nos representan esas reacciones inconscientes y solo son el reflejo de la reacción a primera instancia ante estímulos, observándonos desde un nivel superior, relacionándonos de otra forma, todo sería mucho más maravilloso.
Entonces, trabajando esto, saliendo de nuestra zona de confort para hacer todo que sea fácil, sin grandes aspavientos ni perdida de energía, esta la necesitamos pero focalizando solo en lo verdaderamente importante.
Por ello nuestro dialogo interno, sosegado y sin grandes planteamientos, más que lo sencillo.
De ahí el gran poder de nuestros pensamientos y que hacemos con ellos, si resultan prácticos o simplemente nos ponemos palos en las ruedas nosotros mismos para dificultar ese caminar en progresión.
Esto es como programar: si nos atiborramos sin un plan y sin revisar cada paso, el proceso se vuelve confuso. Las grandes expectativas no se revelan de inmediato; se construyen poco a poco.





























